El pasado 20 de noviembre nos dejó Paco Marín Guruceaga. Para quienes formamos parte de Olarain, Paco fue mucho más que nuestro fundador; fue la energía constante que imaginó y puso en marcha este proyecto con la misma entrega con la que vivió cada etapa de su vida. Físico de formación y apasionado de la enseñanza, Paco nos inculcó como prioridad la atención cercana y de calidad, una filosofía de respeto y generosidad que sigue siendo el motor de Olarain.
Los cimientos de un sueño educativo
La vida de Paco estuvo siempre volcada en la enseñanza. Todo empezó cuando creó la Academia Aries, un centro que llegó a tener 500 alumnos y alumnas y que se convirtió en un pilar para muchas familias donostiarras. Pero su ambición educativa no se detuvo ahí. En 1977, encabezó el grupo que puso en marcha la ikastola Ekintza, apostando por un modelo educativo propio, innovador y plural y con el objetivo de favorecer la implantación del euskera en Euskadi.
Paco sentía un respeto profundo por la cultura vasca y el euskera y, aunque admitía con tristeza no haber llegado a hablarlo como le hubiera gustado, puso todo su empeño en que las nuevas generaciones sí pudieran vivir en su lengua. En la biblioteca Toti Martínez de Lezea de Olarain queda su pensamiento que él grabó en una de las esculturas: “Hezkuntza herrian sustraitua, unibertsora irekita, askatasuna da”.
Olarain, nuestra casa y su legado
Cuando Paco promovió la construcción de este Colegio Mayor, inaugurado tal día como hoy en 2001, hace justo 25 años, no buscaba crear un simple alojamiento. Su intención era que Olarain tuviera alma. Entre otras cosas, con un entusiasmo que todavía recordamos, encargó a Alberto Saavedra las esculturas que hoy definen nuestra fachada y nos dan una identidad propia.

Le gustaba que el entorno contara historias. Ese empeño por rescatar pedazos de nuestro pasado, como el antiguo proyector Ossa del cine Elizondo de Zestoa que hoy luce en nuestras instalaciones, refleja su convicción de que los lugares donde convivimos deben inspirar y despertar la curiosidad de quienes los habitan.
El Jardín de la Amistad: un puente con Japón
Orgulloso donostiarra, Paco fue la pieza clave que unió a nuestra ciudad con Marugame. Todo comenzó en 1985, cuando un grupo de estudiantes japoneses aterrizó en San Sebastián. Paco se volcó en atenderles, coordinando su visita y organizando encuentros con alumnado y docentes de la ikastola Ekintza, además de diversas actividades. Aquel intercambio, nacido de su generosidad, fue la semilla que dio lugar al hermanamiento oficial entre Donostia y Marugame en 1990.
Esa conexión cultural quedó sellada en 2016 con la inauguración en Olarain del «Jardín de la Amistad», un espacio donde el acero corten, convive con bonsáis, cerezos y una casa de té japonesa. Para Paco, este jardín era el símbolo perfecto de una amistad que nació entre personas de diferentes lugares y que hoy es un lazo institucional sólido.

Gracias a su labor como motor de este hermanamiento, en 2020 recibió el Premio a la Colaboración Internacional del Gobierno de Kagawa.
Un adiós a una persona generosa
Más allá de sus logros como gestor, en el día a día recordaremos su sonrisa serena, su espíritu emprendedor y su disposición natural para ayudar a quien lo necesitara. Paco era un optimista convencido de que la vida es una aventura y de que hay que marcarse unos objetivos y avanzar siempre hacia ellos.
Desde Olarain, seguiremos trabajando para que su visión y su entusiasmo sigan presentes en cada rincón de esta casa.
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noviembre 28, 2025



